No es más que sentimiento lo que plasmo sobre
este papel, no son más que palabrerías en busca de… ¿consuelo quizás? ¿Qué
puede responderte un trozo de papel que los mil libros de autoayuda no hayan
hecho ya? No es más que un consuelo para tontos, sin fundamentos.
¿Por qué eres feliz? Porque mi tele de
trescientas pulgadas hace que flipe viendo películas en alta definición o
porque mi ordenador tiene un microprocesador que son los que usan en la nasa
para limpiarse el culo. Todas estas ideas son respetables, pero no me jodas
cuando a tu puñetero televisor le salga una raya azul justo en el medio porque
resulta que te costó a mitad de precio en el Carrefour o porque tu portátil sea
tan sumamente bueno que te tengas que gastar otros mil euros en el disco duro
porque no hay ninguno compatible con tu marca.
No me jodas, porque todas esas cosas son
efímeras, se gastan. En cierto modo me alegro de pertenecer a la clase media,
“qué pedazo de gilipollas” estaréis pensando; y entonces es cuando yo os digo:
jodeos vosotros porque gracias a lo poco he conseguido mucho. Cuando todos los
demás tenían un mp3 yo me dedicaba a ver videoclips en el canal plus, o en
cintas grabadas por mis hermanos; cuando los demás estaban con sus teléfonos
móviles yo me dedicaba a leer cómics prestados o a ver películas piratas.
Cuando tú, si tú, te ibas a una fiesta del carajo un treinta y uno de diciembre
que te costaba cincuenta pavos, yo lo estaba pasando con mi familia y mis
amigos en un garaje de mierda, pero con gente que realmente si cuentan en mi
vida.
Veintitrés primaveras he pasado y no puedo
llegar a decir de ninguna de ellas que me he perdido algo, el olor a vinagretas, la luz entrando por la ventana,
el calor y las terrazas de verano abriéndose, el picor de la nariz, el
cumpleaños de mi madre, la de primaveras que he pasado con una litrona bajo el
brazo.
Veintitrés primaveras las que serán en este
año y la estoy esperando con los brazos bien abiertos, como todo lo que me
depara esta vida, aunque me golpee en el pecho y sangre, aunque me estampe
contra un muro, pero los brazos siempre bien abiertos y la sonrisa de par en
par; porque llorar, es muy fácil, ponte una película y llora, pero sonreír… eso
son palabras mayores. Sonríe cuando un amigo consigue algo importante, cuando
nace tu primera sobrina, cuando tu madre cumple los cincuenta y uno y sigue
hecha una chavala, sonríe cuando la persona a la que tu quieres te devuelve un
abrazo tan intenso como el que tu le estas dando. Sonríe con cosas que si van a
estar en tu corazón por siempre y no con tu televisor. Sonríe y lo más
importante, haz sonreír siempre a los que te rodean. Porque no hay nada mas
hermoso que expandir tu felicidad con quien quiera que estés.
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